Yolanda Peláez Pérez

Ensayo que espera convocar la biografía

Quedando a deberle tanto, este sitio quiere rendir homenaje a Yolanda, por habernos legado el producto de ese, su esfuerzo por decirnos acerca de dónde venimos y quiénes hemos sido.

Hay grandes vacíos en la información que de ella tenemos, oquedades que esperamos nuestras lectoras y lectores vayan llenando.

Yolanda, con una total ausencia de vanidad y, en contraste, con bondad que desborda de cada una de sus páginas, nos ha heredado, en su obra Rescatando Nuestro Pasado, contenida en cientos de páginas, en tres tomos, algunos datos e innumerables anécdotas, eslabones, líneas ancestrales que en el tiempo se han atenuado hasta casi perderse, pero que vuelven a revelarse, a la luz que Yolanda nos ha dado, contribuyendo así al conocimiento de nuestra identidad, en ese contexto mestizo al que pertenecemos, como el resto de la humanidad.

El amor y la dedicación puestos en esos libros nos hacen venerar el acervo que Yolanda hizo y del cual tenemos el privilegio de conservar.

Rebeca Yolanda Peláez Pérez – “La Güera”, como le apodó su padre – fue la primera hija de la unión de María de Rosario Pérez Peláez y Santiago Emiliano Peláez Galán, nacida el 3 de mayo de 1928, en Orizaba, Veracruz, México. En el alegre hogar en el que su familia y ella crecieron, le antecedieron sus hermanas Olga y Elsa, siguiéndole, en orden cronológico, Fabiola, Mireya, Marina, Salvador y Ezequiel.

Percatándose de la enorme tarea a la que Yolanda se entregó, ya su hermano Salvador, en la introducción que escribió para Rescatando Nuestro Pasado, nos advierte: “…el sentir el reto de terminar lo que quizás tiene un gran significado (aunque) para uno mismo…”. El trabajo continúa, Yolanda querida, tu trabajo continúa. El llamado de Salvador a nuestra atención se hace oír, en la misma introducción: “… lo útil y grandioso es que tienes este libro en tus manos…”, reiterándonos la importancia que tiene lo iniciado por Yolanda y que aquí quiere continuarse.

Su hermana Fabiola, escribió, en el prólogo de la obra de Yolanda, “La razón me dice que todo este trabajo que se ha hecho no será en vano…”. He aquí uno de los más importantes objetivos de este sitio: confirmar que el trabajo y dedicación de Yolanda no fue, es ni será en vano.

Pocos datos sabemos de la vida de nuestra pariente ejemplar. ¡Ah, pero de su corazón sí!. En el 2009, ya en el atardecer de su vida, con la ayuda de Ezequiel, su hermano, tres de sus sobrinos, Patricia Peláez, Oscar Martínez y Francisco Peláez, tuvieron el privilegio de restablecer o entablar comunicación con ella y su familia inmediata, en una afortunada coincidencia de tiempos y espacios, que hizo sentir como si los reunidos hubieran convivido una vida entera. La calidez y cariño con los que su familia acogió a esos otrora distantes sobrinos, quedarán en los anales de nuestras experiencias, y habremos de regresar incansablemente a expresar nuestra gratitud por ello.

En las jubilosas reuniones en “la pluviosilla” que sucedieron, se identificaron las coincidencias de interés y entusiasmo que ahora queremos expresar en este sitio. Se trata del conocimiento, descubrimiento y aprecio de las raíces, tronco, ramas y frutos (que seguirán dándose) de nuestro árbol familiar. Fue ahí que encontramos a Yolanda, cuidando de ese árbol, al que ahora queremos cuidar y que se cuide a perpetuidad. Ahora, también habremos de reclutar a los guardabosques del futuro.

En sus escritos, Yolanda nos dice, una y otra vez, que ella fue puro corazón. Nos habló no de datos sino de sensaciones, de fijaciones y vivencias que le tatuaron esa bondad que la caracterizó. No sabemos de las escuelas en las que estudió; muy brevemente, escribió de sus amores. La brújula de su pluma parece haber reconocido a los demás.  Escribió de flores en las habitaciones de su casa, del bullicio de su infancia, de sus aromas, del respeto a sus mayores, de sus emociones, de las de sus seres queridos.

La cronología que pueda inferirse de sus relatos, frecuentemente nos deja en la abstracción de los sentimientos de Yolanda, haciéndonos olvidar la importancia de fechas y datos materiales, y nos transporta a su interior, su madeja de sentimientos y amor por los demás, que es lo que le fue importante.

Tus escritos y pensamientos, Yolanda, están guardados, tanto en papel como en la sangre y el deseo de preservarlos; allí, en el nicho de tu memoria sempiterna