Carlota Díaz García

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Carlota Díaz García (1884-1974), hija de Simón Díaz y de Adela García y madre, con Santiago Peláez Galán, de Juan Emilio Federico, Octavio, Leticia, Marco Antonio y Francisco Peláez Díaz, y antes, con un señor Jimenez Labora, de Enrique y Gudelia Jiménez Díaz, de los cuales sobrevivió sólo esta última.

Según las memorias de Antonio Peláez Díaz, su hijo:

«Don Simón [su padre], era el clásico mexicano, multi-familiar, macho e irresponsable, que llegaba a su casa a gritar, golpear y exigir sin haber dado, a veces, ni el gasto. Vivieron siempre precariamente, en Orizaba, Puebla y México, dependiendo, algunas temporadas, de lo que conseguían mi madre y mi tío Gildardo [hermano de Carlota], que eran los elementos ‘activos’, haciendo piñatas y juguetes en la casa, auxiliados por los ‘pasivos’, que eran mi tía Luz y mi abuela, que no se atrevían a salir a vender, por la vergüenza que ello les significaba. Así y todo, las dos hermanas pudieron formarse como maestras de ‘Elemental’, mi madre con notas extraordinarias.»

Diploma Carlota

Viviendo en Orizaba conoció a Santiago, quien se convertiría en su segundo marido. En 1906, Carlota era viuda y tenía una hija, Gudelia. Carlota y Santiago se instalaron en Nogales o Tierra Blanca y allí vivieron hasta el año de 1917, cuando Santiago decide refugiarse en Orizaba, huyendo de las huestes revolucionarias. Sin embargo, la estancia en Orizaba no duró mucho, puesto que el 27 de enero de 1919 iniciaron un viaje, para emigrar a Cuba, con toda la familia. El 11 de febrero de 1919 embarcaron en el vapor “Monterrey” de la compañía Ward Line.

Al llegar a Cuba, fueron recibidos por Flora, hermanastra de Carlota. El inicio de su estancia en la isla fue muy difícil. Con precarios ingresos, Santiago no lograba mantener a su familia y Carlota – guerrera nata- y su primogénito Emilio -igual a ella- trabajaron para completar el magro ingreso de Santiago.

Al cabo de unos meses, Santiago encontró trabajo bien remunerado y la situación de la familia mejoró sensiblemente, pero junto con el dinero, se produce una infidelidad de Santiago y, cuando Carlota lo descubre, le exige que compre los boletos, para regresar a México inmediatamente y junto con todos sus hijos, incluyendo a Francisco, quien había nacido en la Habana. el 31 de agosto de 1920, Carlota y sus hijos se embarcaron rumbo a Veracruz.

Santiago permaneció en Cuba hasta el martes 4 de abril de 1922, cuando regresó a México, pero Carlota ya no lo aceptó.

Con el transcurso del tiempo, Carlota «mujer admirable por el valor con que enfrentó los actos de su vida y su carácter férreo y dulce a la vez», hizo su mundo con sus hijos y su hermana Luz, en la ciudad de Córdoba, donde vivirían hasta el año de 1927, cuando Carlota decide emigrar a la ciudad de México, en donde Emilio ya se encontraba cursando la preparatoria, desde 1926.

Carlota y Emilio en 1927

Una nueva etapa de combate se detona en la vida de Carlota, pues tiene que mantener a sus hijos y a su cuñado Manuel, que se había entenado a la familia y a quien, por tener un retraso mental, nadie quiso ayudar, salvo ella.

Trabajando duramente y rentando cuartos, al estilo «casa de huéspedes», Carlota logra hacer que todos sus hijos estudien y llevar a Emilio hasta su graduación como Ingeniero topógrafo. La situación de la familia mejora sólo cuando Emilio empieza a ganar dinero y a mantener a la familia, permitiendo que Carlota dejase, por fin, de trabajar.

Enfrentando todos los incidentes de la vida, Carlota no volvió a vivir una penuria económica.

Allá por 1960, la recordamos viejecita y pequeñita, viviendo en una casona que Emilio compró en los años 50. En aquel entonces, vivía en esa casa con su hijo Octavio; con Albina, su compañera, de origen oaxaqueño y quien fungiría como su ayudante doméstica, y con Tita, su hija adoptiva.

En 1974, Carlota se fue de este mundo, dejando detrás de ella a una pléyade de descendientes que conservaron, todos, un recuerdo grato de ella.