Adela García Muñoz

Doña Adela García (1859-1945) nació en una hacienda poblana llamada «Hacienda de Piletas» sus padres se llamaban Casiano García y Petra … Doña Adela casó con Simón Díaz, de quien tenemos poca información.

En las memorias de Marco Antonio Peláez Díaz, su nieto, encontramos los siguientes datos:

«[…] Por pláticas con mi madre tuve la impresión que era de algún lugar del Estado de Puebla, pero yo, por mi parte, deduje que había nacido en Orizaba, por el relato que mi hizo en una ocasión – ella nunca hablaba de su pasado – de haber sido llevada muy pequeña y de la mano a presenciar la entrada de los emperadores por la garita de Escamela (en náhuatl: tierra de hormigas; en el estado de Veracruz), en esa población, y esto sucedió en 1864. Así que era probablemente ‘chayotera’ (orizabeña) o por lo menos yo así lo deseo, para que resulte mi coterránea, pues yo soy de esa zona.»

«Físicamente la recuerdo como una mujer muy pequeña, diríamos casi enanita, vestida siempre con falda obscura o negra y blusa con dibujos negros sobre blanco, extremadamente delgada, pero erecta y con su pelo todo blanco, peinado hacia atrás y rematado en un magro chongo, pues su escaso pelo no daba para más.»

«Me parecía imposible que un cuerpo tan pequeño hubiera dado a luz a tres hijos – Gildardo, Luz y Carlota – sin desintegrarse y continuara activa, a pesar de su edad.»

«Educada en aquella de ‘mujer que sabe latín ni encuentra marido ni tiene buen fin‘, mi abuela sabía medianamente leer y escribir, teniendo, en cambio, una facundia inagotable y un ingenio muy vivo, lleno de sentencias y dichos. […]»

«[…} Su hermano, Ismael García, fue fusilado en las cercanías de Omealca, en el Istmo, por ser sublevado Felicista; esto es, por levantarse en armas como partidario del nefasto Felix Díaz, en la 2ª década del siglo. Lo que lo reivindica un poco (sólo un poco), es no haber permitido que le vendaran los ojos y haber ordenado, él mismo, su ejecución.»

«Su otro fusilado fue su hijo Gildardo Díaz, hermano mayor de mi madre, quien tenía una tienda en las cercanías de Córdoba, en Amatlán de los Reyes, y fue acusado, por algún enemigo o quizás delator, de vender alcohol y por ello ajusticiado sin formación de causa, en el frente de su casa. Esto creo que sucedió al iniciarse los años veinte.»

«[…] Teniendo poco más de 50 años, decidió mi abuela que la comida le hacía daño y se prescribió una dieta consistente en café con leche y, excepcionalmente, un plato de sopa a mediodía. El resultado fue que, al llegar a los ochenta, su estómago era el de una niña de tres o cuatro años, según la opinión del Dr. Ayala González, célebre gastroenterólogo, quien le ordenó volver a comer, gradualmente, una dieta de adulto, empezando con jugo de carne, sin haber logrado convencerla de las ventajas de ingerir sólidos, situación en la que la sorprendió la muerte, cuando tenía más o menos 85 años, en 1945.»

      «El sopor de la muerte la acompañó días y días, y el médico la mantenía viva a base de sueros y oxígeno, logrando que esporádicamente abriera lo ojos, sus adorables ojos antes vivaces y expresivos, que ahora lucían mortecinos, pero no volvió a articular ninguna palabra que manifestara reconocernos.»

  «Ante esa situación dolorosa para nosotros y suponemos que también para ella, mi madre y yo decidimos – motu proprio – suspenderle todo recurso artificioso para prolongarle esa vida sin vida.»

«Horas más tarde, tuve yo el privilegio de depositarla en su caja mortuoria, y me sorprendió sentirla rígida y pesada; no obstante esto, la estreché contra mí y sentí como si pusiera en una urna la flor que perfumara los primeros 28 años de mi vida.»

«¡Que la muerte te haya sido leve, abuelita!»