Pastora Peláez Galán

Poco sabemos de Pastora , Salvo que, al morir su padre en 1903, la recluyeron con una familia que la sustrajo de la relación con sus hermanos; situación que parece se conservó hasta su muerte.

«[…] A mi tía Pastora no la conocí, pues al morir mi abuelo se refugió o la refugiaron con una familia que la sustrajo de la relación con sus hermanos; situación que parece ser conservó hasta su muerte».

Tanto Pastora, la menor de la familia, como Manuel, el mayor, vinieron al mundo con alguna deficiencia mental. Sin embargo, sus destinos siguieron caminos distintos. Manuel recibió la compasión de su cuñada Carlota Díaz García, esposa de su hermano Santiago, mientras que Pastora, como se dijo antes, fue abandonada, como tantas otras mujeres de su época y en su situación.

Esta vieja y pequeña fotografía (la única que tenemos de ella), revela fielmente la misma mirada profunda de su padre y de todos sus hermanos.

Manuel Peláez Galán

Como en algunos de los textos aquí incluidos, la información que tenemos de Manuel proviene de las memorias de dos miembros de la familia, Yolanda Peláez Pérez y Marco Antonio Peláez Díaz.

Durante su infancia, Marco Antonio convivió con Manuel, su tío, quien le dio una invaluable experiencia, a esa edad en la que la imaginación lo es todo.

Manuel nace alrededor de 1880 y fue el primogénito de la familia. No sabemos cuándo murió. Manuel, al igual que la menor de la familia, su hermana Pastora, fue un enfermo mental.

«[…] al parejo de estas fijaciones infantiles surge la desgarbada figura de mi tío Manuel, hermano mayor de mi padre, como compañero de mis correrías primeras, que quisiera evocar o describir con la maestría de Mark Twain […]».

«[…] Recortaba, en cartón grueso trompetas copiadas fielmente por él de alguna revista, con las cuales fingía estar tocando algún fragmento de ‘Poeta y Campesino’, imitando, aceptablemente, el sonido del instrumento. Estaba. pues, rematadamente loco[…]».

«[…] Años después al inquirir por él en Orizaba, alguien me dijo: ¿Manuel Peláez? . . . . ese pobre murió en un hospital, abandonado por todos.»

Carlota Díaz García

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Carlota Díaz García (1884-1974), hija de Simón Díaz y de Adela García y madre, con Santiago Peláez Galán, de Juan Emilio Federico, Octavio, Leticia, Marco Antonio y Francisco Peláez Díaz, y antes, con un señor Jimenez Labora, de Enrique y Gudelia Jiménez Díaz, de los cuales sobrevivió sólo esta última.

Según las memorias de Antonio Peláez Díaz, su hijo:

«Don Simón [su padre], era el clásico mexicano, multi-familiar, macho e irresponsable, que llegaba a su casa a gritar, golpear y exigir sin haber dado, a veces, ni el gasto. Vivieron siempre precariamente, en Orizaba, Puebla y México, dependiendo, algunas temporadas, de lo que conseguían mi madre y mi tío Gildardo [hermano de Carlota], que eran los elementos ‘activos’, haciendo piñatas y juguetes en la casa, auxiliados por los ‘pasivos’, que eran mi tía Luz y mi abuela, que no se atrevían a salir a vender, por la vergüenza que ello les significaba. Así y todo, las dos hermanas pudieron formarse como maestras de ‘Elemental’, mi madre con notas extraordinarias.»

Diploma Carlota

Viviendo en Orizaba conoció a Santiago, quien se convertiría en su segundo marido. En 1906, Carlota era viuda y tenía una hija, Gudelia. Carlota y Santiago se instalaron en Nogales o Tierra Blanca y allí vivieron hasta el año de 1917, cuando Santiago decide refugiarse en Orizaba, huyendo de las huestes revolucionarias. Sin embargo, la estancia en Orizaba no duró mucho, puesto que el 27 de enero de 1919 iniciaron un viaje, para emigrar a Cuba, con toda la familia. El 11 de febrero de 1919 embarcaron en el vapor “Monterrey” de la compañía Ward Line.

Al llegar a Cuba, fueron recibidos por Flora, hermanastra de Carlota. El inicio de su estancia en la isla fue muy difícil. Con precarios ingresos, Santiago no lograba mantener a su familia y Carlota – guerrera nata- y su primogénito Emilio -igual a ella- trabajaron para completar el magro ingreso de Santiago.

Al cabo de unos meses, Santiago encontró trabajo bien remunerado y la situación de la familia mejoró sensiblemente, pero junto con el dinero, se produce una infidelidad de Santiago y, cuando Carlota lo descubre, le exige que compre los boletos, para regresar a México inmediatamente y junto con todos sus hijos, incluyendo a Francisco, quien había nacido en la Habana. el 31 de agosto de 1920, Carlota y sus hijos se embarcaron rumbo a Veracruz.

Santiago permaneció en Cuba hasta el martes 4 de abril de 1922, cuando regresó a México, pero Carlota ya no lo aceptó.

Con el transcurso del tiempo, Carlota «mujer admirable por el valor con que enfrentó los actos de su vida y su carácter férreo y dulce a la vez», hizo su mundo con sus hijos y su hermana Luz, en la ciudad de Córdoba, donde vivirían hasta el año de 1927, cuando Carlota decide emigrar a la ciudad de México, en donde Emilio ya se encontraba cursando la preparatoria, desde 1926.

Carlota y Emilio en 1927

Una nueva etapa de combate se detona en la vida de Carlota, pues tiene que mantener a sus hijos y a su cuñado Manuel, que se había entenado a la familia y a quien, por tener un retraso mental, nadie quiso ayudar, salvo ella.

Trabajando duramente y rentando cuartos, al estilo «casa de huéspedes», Carlota logra hacer que todos sus hijos estudien y llevar a Emilio hasta su graduación como Ingeniero topógrafo. La situación de la familia mejora sólo cuando Emilio empieza a ganar dinero y a mantener a la familia, permitiendo que Carlota dejase, por fin, de trabajar.

Enfrentando todos los incidentes de la vida, Carlota no volvió a vivir una penuria económica.

Allá por 1960, la recordamos viejecita y pequeñita, viviendo en una casona que Emilio compró en los años 50. En aquel entonces, vivía en esa casa con su hijo Octavio; con Albina, su compañera, de origen oaxaqueño y quien fungiría como su ayudante doméstica, y con Tita, su hija adoptiva.

En 1974, Carlota se fue de este mundo, dejando detrás de ella a una pléyade de descendientes que conservaron, todos, un recuerdo grato de ella.

Adela García Muñoz

Doña Adela García (1859-1945) nació en una hacienda poblana llamada «Hacienda de Piletas» sus padres se llamaban Casiano García y Petra … Doña Adela casó con Simón Díaz, de quien tenemos poca información.

En las memorias de Marco Antonio Peláez Díaz, su nieto, encontramos los siguientes datos:

«[…] Por pláticas con mi madre tuve la impresión que era de algún lugar del Estado de Puebla, pero yo, por mi parte, deduje que había nacido en Orizaba, por el relato que mi hizo en una ocasión – ella nunca hablaba de su pasado – de haber sido llevada muy pequeña y de la mano a presenciar la entrada de los emperadores por la garita de Escamela (en náhuatl: tierra de hormigas; en el estado de Veracruz), en esa población, y esto sucedió en 1864. Así que era probablemente ‘chayotera’ (orizabeña) o por lo menos yo así lo deseo, para que resulte mi coterránea, pues yo soy de esa zona.»

«Físicamente la recuerdo como una mujer muy pequeña, diríamos casi enanita, vestida siempre con falda obscura o negra y blusa con dibujos negros sobre blanco, extremadamente delgada, pero erecta y con su pelo todo blanco, peinado hacia atrás y rematado en un magro chongo, pues su escaso pelo no daba para más.»

«Me parecía imposible que un cuerpo tan pequeño hubiera dado a luz a tres hijos – Gildardo, Luz y Carlota – sin desintegrarse y continuara activa, a pesar de su edad.»

«Educada en aquella de ‘mujer que sabe latín ni encuentra marido ni tiene buen fin‘, mi abuela sabía medianamente leer y escribir, teniendo, en cambio, una facundia inagotable y un ingenio muy vivo, lleno de sentencias y dichos. […]»

«[…} Su hermano, Ismael García, fue fusilado en las cercanías de Omealca, en el Istmo, por ser sublevado Felicista; esto es, por levantarse en armas como partidario del nefasto Felix Díaz, en la 2ª década del siglo. Lo que lo reivindica un poco (sólo un poco), es no haber permitido que le vendaran los ojos y haber ordenado, él mismo, su ejecución.»

«Su otro fusilado fue su hijo Gildardo Díaz, hermano mayor de mi madre, quien tenía una tienda en las cercanías de Córdoba, en Amatlán de los Reyes, y fue acusado, por algún enemigo o quizás delator, de vender alcohol y por ello ajusticiado sin formación de causa, en el frente de su casa. Esto creo que sucedió al iniciarse los años veinte.»

«[…] Teniendo poco más de 50 años, decidió mi abuela que la comida le hacía daño y se prescribió una dieta consistente en café con leche y, excepcionalmente, un plato de sopa a mediodía. El resultado fue que, al llegar a los ochenta, su estómago era el de una niña de tres o cuatro años, según la opinión del Dr. Ayala González, célebre gastroenterólogo, quien le ordenó volver a comer, gradualmente, una dieta de adulto, empezando con jugo de carne, sin haber logrado convencerla de las ventajas de ingerir sólidos, situación en la que la sorprendió la muerte, cuando tenía más o menos 85 años, en 1945.»

      «El sopor de la muerte la acompañó días y días, y el médico la mantenía viva a base de sueros y oxígeno, logrando que esporádicamente abriera lo ojos, sus adorables ojos antes vivaces y expresivos, que ahora lucían mortecinos, pero no volvió a articular ninguna palabra que manifestara reconocernos.»

  «Ante esa situación dolorosa para nosotros y suponemos que también para ella, mi madre y yo decidimos – motu proprio – suspenderle todo recurso artificioso para prolongarle esa vida sin vida.»

«Horas más tarde, tuve yo el privilegio de depositarla en su caja mortuoria, y me sorprendió sentirla rígida y pesada; no obstante esto, la estreché contra mí y sentí como si pusiera en una urna la flor que perfumara los primeros 28 años de mi vida.»

«¡Que la muerte te haya sido leve, abuelita!»

Juan Antonio Benito Peláez Galán

 Juan Antonio Benito Peláez Galán (1886-1930) nació en Veracruz y fue el hijo menor de Juan Emilio Peláez Pino y María Galán Dominguez, y hermano de Santiago. Sabemos muy poco de él; sin embargo, lo poco que sabemos nos revela a «un personaje de cuento».

Aquí el recuerdo que Marco Antonio Peláez Díaz, su sobrino e hijo de su hermano Santiago, nos ha legado:

«Mi tío Juan, el menor, era pequeñito, Rubio, de ojos azules […] Nos visitaba de vez en cuando viniendo de Santa Rosa (hoy Ciudad Mendoza) donde residía y trabajaba como jefe de telares o algo así. Sus visitas eran celebradas por nosotros, a pesar de estar separados mis padres, pues mi madre lo quería bien y nosotros nos enloquecíamos con una moneda de 2 pesos, grande, de plata, con un ángel y, creo, una balanza, que nos dejaba para comprar golosinas.»

«Este mi tío Juan era un personaje de cuento. Se unió a una señora 15 o 20 años mayor que él, que a la sazón ya tenía nietos y que lo cuidaba como si fuera su hijo. A pesar de ascendencia claramente hispana, era un devoto del pulque y de todo lo que significara chile, moles y fritangas, en las cuales Doña Germana –que así la nombrábamos todos, pero ninguno tía – era una experta […] Deduzco que estas aficiones de mi tío eran producto de su convivencia con los obreros textiles, en su mayoría procedentes del Altiplano. Como ‘polvo’ de aquellos ‘lodos’, murió por el año 30, a la temprana edad de cuarenta y tantos años».

Juan Emilio Peláez Pino

 

Según las fascinantes memorias de Marco Antonio Peláez Díaz, Juan Emilio Peláez Pino (1844-1903) era español – Andaluz – oriundo de un Pueblo cercano a Málaga llamado Canillas de Aceituno. En algún momento de su vida (entre 1860 y 1870), dejó su pueblo natal, para irse a Cuba, algunos escritos afirman que por haber tenido diferencias con la ley.

En la Habana, consiguió trabajo con un afamado doctor de origen español. Su oficio en su pueblo natal fue el de “Sangrador” lo que explica que el susodicho doctor (cuyo nombre desconocemos), le haya dado trabajo, ya que este oficio era muy popular para «curar» muchos males.

Con el doctor, aprendió muchos términos médicos y uno que otro conocimiento firme que lo hicieron sentirse médico autodidacta, y eso gracias a su tesón y a su clara inteligencia.

El doctor decidió irse un tiempo a España dejando todo encargado a su joven ayudante, sin embargo, nunca volvió, pues murió allá, dicen.

Sin posibilidades de reemplazar al afamado doctor, Juan Emilio decide irse a México y quedarse en Veracruz, en donde encontró parecido entre los jarochos y los andaluces de su solar nativo. Tampoco hemos podido fijar cuándo, pero suponemos que, en algún momento entre 1875 y 1879, contrajo matrimonio, en Veracruz, con una criolla jarocha llamada María Elena Galán Domínguez (1861-1888).

La familia de María, su esposa, sin ser ricos, era una familia acomodada. Al morir los padres de María, Juan Emilio adquiere la parte de la herencia de los hermanos de María y se queda con una casa en Orizaba, en donde vivió con sus hijos hasta la muerte de María en 1888. En ese momento decide vender la casa, para pagar las deudas contraídas, y se muda a otro lugar en Orizaba misma.

se dice que aquí está sepultado Juan Emilio….

Aunque, en 1892,Juan Emilio declara en su testamento seguir siendo “sangrador”, para 1897 recibe un título de médico firmado por los más prestigiosos médicos mexicanos de finales del siglo XIX – se conserva el original del documento fechado el20 de mayo de 1897, firmado, entre otros, por el doctor R. Lavista. Este dato es solo una referencia documental, ya que Juan Emilio, desde su llegada a México, “[…]empieza a adquirir fama como médico rural, que tan presto cura bestias como cristianos. En la costa de Sotavento y aun tierra adentro, hasta Córdoba y Orizaba, Don J. Emilio llega a ser una institución en el medio”. Y debió tener algún éxito, ya que regresó «varias veces» a España y aseguró la entrada al país de emigrantes españoles procedentes de su pueblo natal, Canillas-Aceituno en Andalucía, (incluida en ellos “María La Divina” su pariente), y lo logró constituyéndose, de ese modo, en el patriarca de una legión de “Canilleros” inmigrantes, que fueron todo menos agricultores.

 Poco después de morir María Elena, Juan Emilio vuelve a casarse con una dama llamada María Álvarez, con quien procrea tres hijas: Carlota, María del Carmen y Sara Peláez Álvarez, de quienes desafortunadamente no tenemos registro alguno.

Juan Emilio rinde el alma un cinco de noviembre del año 1903, en la población de Nogales del estado de Veracruz.

 

 

Santiago Peláez Galán

 

Tercer hijo de Juan Emilio Peláez Pino y de María Galán Dominguez, Santiago nació en Veracruz el 8 de agosto de 1882. Sus dos hermanas mayores murieron en la infancia – Carmen Carlota Micaela (1878-1878) y María Araceli (1881-1888). No tenemos más datos de ellas. Así, Santiago resultó «el primogénito» de quienes llegaron a edad adulta, él, Santiago (1882-1948), Manuel (1883- ?), Pastora (1884-?) y Juan Antonio Benito (1885-1930). Dado que sus padres se establecieron en Orizaba, Veracruz, presumimos que pasó sus primeros años en esa ciudad.

Como escribió Yolanda, su hija, poco se sabe de su infancia. También escribió que él y sus hermanos fueron internados «en algún colegio», después de que su padre, J. Emilio, viudo de María Galán, iniciara su vida con María Álvarez, y que, ya en su adolescencia, regresaron a vivir con su padre. Santiago fue Contador Público de profesión.

En su Rescatando Nuestro Pasado, Yolanda nos dice que, cuando Santiago tenía diez y seis años, nació su primer hijo, que «siendo muy jovencito, perdió la vida al atropellarlo un tranvía». Marco Antonio Peláez Díaz menciona a ese primer hijo de Santiago como Fernando, sin más.

Sin contar con las fechas, pero al parecer después de ese primer hijo, de cuya madre no contamos con información, Santiago y Altagracia Contreras Morales procrearon a Magdalena Peláez Contreras, pero, según parece, no hicieron vida juntos.

Dándole colorido a su vida, en el que pudo haber sido su primer trabajo, en su juventud, Santiago, según relata su hija Yolanda, tuvo amoríos con la esposa del dueño del negocio, lo que le causo una herida de bala y problemas legales que le privaron de su libertad; fue en ese tiempo en el que recibió la noticia del fallecimiento de su padre, Juan Emilio Peláez Pino.

En 1906 ó 1907, Santiago y Carlota Díaz García iniciaron vida juntos, de quienes nacieron siete hijos, de los cuales cinco llegaron a edad adulta: Emilio, Octavio, Leticia, Marco Antonio y Francisco. Rebeca y Carlos murieron siendo niños.

En 1920, después de haber pasado un tiempo en La Habana, Cuba, donde nació Francisco, Carlota y Santiago se separaron para siempre. Ese año, Carlota y sus hijos regresaron a México; Santiago lo haría hasta 1922.

Por ahí de 1930, Santiago y Rosario Pérez Peláez iniciaron lo que fue el resto de la vida de Santiago. De su vida juntos, nacieron Yolanda, Fabiola, Mireya, Marina, Salvador y Ezequiel.

Rotario y ávido lector de Camille Flammarion y Helena Blavatsky, más ha de aparecer de él en este sitio, ya por transcripción de lo que sus hijos, Yolanda Peláez Pérez y Marco Antonio Peláez Díaz, nos heredaron o por contribuciones de otras y otros, que esperamos completen y enriquezcan la biografía de Santiago Peláez Galán.