Desde el presente imperceptible miro la nitidez de lo intangible,
Y me sumerjo en el vacío, y ya no espero a nadie, ni incubo deseo o esperanza alguna.
Mis emociones todas fueron acalladas para dar libre curso a la creación:
Bajo la sombra de mis letras te escabulliste en mi vida.
Perdona el desorden; hace tiempo que vivo solo en mi soledad y ya le pongo menos atención al orden. Pero desde mañana, o después, prometo ponerme a ordenar el caos, o eso que resulta del caos. Mientras tanto, súbete a mis letras y cabalga hacia el final de mis días en este caballo tan caballo.
Cuando hayas llegado al final de mis días, azul será el color y el aroma de mi mundo y azul será la nada que lo suceda.