
Para este breviario, se ha contado con la valiosa contribución del tercer hijo de Leticia y Vicente Martínez de Anda, Oscar (Vincent) Martínez Peláez, y con los manuscritos de Marco Antonio Peláez Díaz, hermano de la aquí biografiada.
Ticha – como la llamaban sus hermanos – nació en la población de Río Blanco, en el estado de Veracruz, en México, el 14 de diciembre de 1913. Fue la segunda hija, y quinta entre los hijos procreados por Santiago Peláez Galán (1882-1948) y Carlota Díaz García (1883-1974).
“…mi hermana Ticha, en quien ya apuntaban aficiones musicales…”.

Leticia estudió canto y se graduó en el Conservatorio Nacional de Música, en la Ciudad de México, en 1934. Su hijo Oscar alguna vez le preguntó: “¿Por qué abandonaste la carrera para la que estudiaste?… Me dijo que, si no lo hubiera hecho así, se habría divorciado, como habían acabado haciendo todas sus compañeras de escuela.”

Leticia tuvo rectitud y rígidos principios, para conducir su vida y su juicio de otros, que mantuvo siempre firmes e inflexibles. “…Ese fue un rasgo distintivo en la personalidad de Ticha.” – escribió su hijo Oscar, dando ejemplos – “…no pudo ver con buenos ojos a un hijo adoptado. Incluso, muchos años después, cuando su hija, también Lety, quiso adoptar un niño, ella rechazó la idea. Iba contra su naturaleza. Para ella sólo había una forma de llevar su vida, la línea recta que ella misma trazaba. No aceptaba ni los divorcios, ni los hijos fuera de matrimonio, ni las uniones libres, ni nada que se saliera de lo que ella consideraba correcto”.
Con suntuosa ceremonia, contrajo matrimonio con Vicente, en 1936, no sin que antes sus atributos y juventud hubieran sido cortejados al parecer no pocas veces. Según cuenta su hermano Antonio, cuando vivían en una vecindad en las calles de Uruguay, en la ciudad de México, Ticha tuvo un novio, Pepe Romo, estudiante de medicina, que se mereció ser recordado en las memorias de la familia, por haber reducido a Antonio la fractura de un brazo, con la particularidad de haberlo hecho sin anestesia alguna, lo que explica que Pepe y quizás también la madre de Pepe, hayan sido recordados por Antonio.

Oscar, su hijo, recordaba: “Cuando fue estudiante en el Conservatorio, en la carrera de Canto, tuvo un pretendiente, un estudiante de violonchelo, de nombre Teodoro Campos Arce. Ella le decía Teadoro Campos Arce, con lo que hacía volar a Teodoro. Cuando Leticia se recibió, ya estando casada con Vicente, dio un concierto en el Anfiteatro Bolívar. En la ceremonia, Vicente fue a sentarse en primera fila, con tan mal tino, que lo hizo junto a donde estaba Teodoro. Éste comentó que estaba ahí únicamente por escuchar a Leticia, a lo que Vicente le respondió airadamente que, a él, siendo orgulloso esposo de la laureada, lo había traído la misma causa.”
Esperamos que la biografía de Leticia se vea aquí enriquecida por aquellos que la conocieron y saben más de ella. Fue una mujer ejemplo de entereza, principios y fidelidad, que confrontó muchas adversidades, superó cuanto obstáculo encontró y logró sus objetivos más importantes en la vida, no obstante haber vivido poco menos de 54 años.

Leticia profesó un amor incondicional a su padre, con quien mantuvo una relación cariñosa a cuan más, no obstante que él, como los hermanos de Leticia, llevaron una vida muy alejada de lo que ella creyó debía haber sido. Dos de sus tres hijos viven, Leticia y Oscar, quienes, junto con otros, esperamos se animen a abundar en datos, anécdotas y descripción de nuestra querida Ticha.
Oscar escribió, hablando del regreso del viaje a Europa, que su madre anheló y logró: “Regresando a México, Leticia empezó a sentirse mal de la columna, seguramente por tanta caminada o por cargar las maletas. ¿Estaría dándole reumatismo?… nada de eso. Ese fue el principio del cáncer que se la llevaría en pocos meses. Vivió sólo cincuenta y tres años, pero logró sus objetivos. Una corta vida, pero razonablemente feliz, y se ahorró ver mucho que creo no hubiera sido de su agrado.”

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