👉🏼 fototeca de Juan Emilio Federico Peláez Díaz 👈🏼

No es fácil hablar de Juan Emilio Federico Peláez Diaz y es aún más difícil hacerlo sin involucrar las emociones. Él, Emilio, «El ingeniero Peláez» como solían llamarle, nació un 30 de diciembre del año de 1908 y esto sucedió en Tierra Blanca, Veracruz.
Hijo primogénito de Santiago Peláez Galán y de Carlota Díaz García, Emilio reveló desde muy joven una aguda inteligencia. En enero de 1919, siendo Emilio aun un niño, su padre decide emigrar a Cuba por diversas razones. La familia vive en la penuria, Santiago es un soñador que sólo logra un frágil equilibrio económico ejerciendo actividades administrativas. Al llegar a Cuba, Carlota y Emilio deben trabajar para completar el ingreso de Santiago. Viven en casa de de una hijastra de Carlota. Emilio, con escasos 10 años de edad, reparte leche empujando un carro de madera. Ya viejo, me contó que Enrico Caruso, el mejor tenor de todos los tiempos, fue a La Habana a dar un concierto y Emilio, empujando su carro, pasó frente al teatro en donde esto sucedía. La voz de Caruso se escuchaba desde la banqueta. Emilio, a los 10 años de edad, se detuvo y suspendió su trayecto para escuchar a Caruso… . Probablemente, con el calor de La Habana, perdió la calidad de su cargamento de leche, pero… escuchó a Caruso.

El lector comprenderá sin duda que, como tantos otros niños obligados a trabajar desde temprana edad, Emilio desarrollo una madurez precoz.
Los ingresos de Santiago empezaron a mejorar y al mismo tiempo, la relación entre Carlota y Emilio se deterioró (¿una huachinanga? como dice la canción) y en julio de 1920 Carlota decide regresar con sus hijos a México, mientras que Santiago permanece en Cuba uno o dos años más. La familia, ya liderada por el matriarcado de Carlota, se establece en la ciudad de Córdoba, Veracruz.
Es necesario mencionar que Carlota, desde el año de 1900, tenía la profesión de maestra de escuela primaria y es muy probable que, haciendo un enorme esfuerzo, haya puesto a Emilio en la escuela sin obligarlo a Trabajar. En Córdoba Emilio cursa la educación primaria y en Orizaba la secundaria. Es fácil deducir, cuando se miran las fotografías incluidas en este sitio, cual era la situación económica de la familia; El salario de Carlota como maestra en aquella época post-revolucionaria, debió ser muy reducido.

En 1926, cuando Emilio se dispone a cursar la preparatoria en la Ciudad de México, Carlota lo envía de avanzada para rentar una vivienda e inscribirse en la escuela de San Ildefonso (la meca escolar en aquella época). Cuando digo que lo envía «de avanzada», es porque Carlota había decidido emigrar a la ciudad y ofrecerle a sus hijos la posibilidad de estudiar. No tenemos el dato de en qué momento Emilio viaja a la ciudad, pero si sabemos que en 1927, toda la familia llega a la estación de tren de San Lázaro, en donde Emilio los espera para llevarlos «a casa» en una carretela que rodaba por los caminos de tierra que abundaban en la ciudad. Emilio tiene 19 años y es ya un hombre.
La vida en la Ciudad de México está llena de incontables anécdotas que esperamos poder narrar poco a poco.
Entre 1927 y 1930, y entre Jalapa y México, Emilio cursa la escuela preparatoria y los estudios profesionales para graduarse como Ingeniero Topógrafo e Hidrógrafo. A pesar de haber querido graduarse como ingeniero civil, la situación económica de la familia lo obliga a elegir una formación más corta.
Emilio se gradúa (según su diploma) el 3 de febrero de 1930 y al cabo de algunos esfuerzos empieza a trabajar,

A partir del momento en que Emilio logra «colocarse», empieza a hacer dinero rápido y en muy poco tiempo la precariedad de la familia desaparece.

En las memorias de Marco Antonio, su hermano, leemos: «Emilio – nos aventajó en todo a todos, excepto en estatura. Deslumbró a mi padre al bautizar a la luna como la “lámpada in chelo” cuando tendría tres años a lo sumo».
Emilio fue capaz de acumular una considerable fortuna a lo largo de su vida, pero no tuvo la capacidad de conservarla. A pesar de haber trabajado denodadamente casi todos los días de su vida para hacer dinero, era claro que, el dinero – per se- no era su objetivo pues lo dilapidó a veces en caprichos y frecuentemente ayudando a los que le rodeaban, ya fuesen familiares o amigos, muchos testimonios acreditan esto.
Hombre culto, con una enorme facilidad para el cálculo matemático, Emilio construyó una enorme biblioteca que, en su vejez, le heredó a sus hijos.
Emilio se casó muchas veces en su vida y engendró 12 hijos con 6 mujeres. Su carácter impulsivo, su avidez sexual y la pobre imagen que tuvo de la mujer fueron probablemente el motivo de su actitud, sin embargo, ese es un secreto que Emilio se llevó a la tumba.
El primer matrimonio de Emilio fue en con América Orozco en 1932, con quien tuvo dos hijas.
En 1935 contrae matrimonio con Herminia Vega Argüelles, con quien tiene cuatro hijos.
En 1943 vuelve a contraer matrimonio con Natalia Cuesta Porte Petit con quien tiene 2 hijos
Para 1948 contrae matrimonio con Carmen Cano y trae al mundo dos hijos
Después de Carmen, contrae matrimonio con Esperanza Alarcón, con quien también tiene dos hijos y de los cuales solo uno sobrevivió.
Emilio se casa una última vez ya en su edad madura con una joven llamada María Luisa Guerrero Estrada con quien por su edad ya no puede tener hijos.
Como todos los seres humanos, Emilio tuvo virtudes y defectos y toda intención de comparar unos con otros es absurda.
Como un homenaje, me serviré de las memorias de su hermano Antonio, quien sin duda lo conoció más que muchos:
«Mi hermano […] es, quizás, la persona a quien más quise en mi vida y más influyó en ella. […] sólo me limitaré a citar algunas de sus virtudes cardinales que nivelan, en exceso, su estado de cuenta con sus defectos.
1º Fue un hijo excelente, si tomamos en cuenta su conducta con mi madre y sus rasgos de generosidad con mi padre que nunca fue un modelo de amor paterno para nosotros.
2º Ayudó a todos sus hermanos, consanguíneos o no, sin esperar reciprocidad de ellos
3º Fue fiel a sus amigos a los cuales dispensaba de todos los defectos por el hecho de serlo. A [Francisco] Martínez de la Vega, el gran periodista, lo ocultó en su casa durante la persecución que hizo el Alemanismo de los Henriquistas no obstante que su posición de protegido del Lic. [Fernando] Casas Alemán lo comprometía en extremo.
4º Nunca cultivó odios a ultranza y siempre tuvo
5º Actitudes conciliatorias para todos aquellos con los que había tenido alguna diferencia.
6º Lector incansable y conversador ameno, salpicaba sus pláticas con citas, a veces ciertas, a vece incompletas, a veces inventa- das, pero que hacían de él un contertulio inmejorable. De él pudiera yo haber escrito un libro como el de Don Artemio sobre Salado Alvarez: “J. Emilio Peláez y la Conversación en mi vida”.
7º Panteista ingénito y ateo gracias a Dios, nublaba la mirada ante un crepúsculo en el desierto o un amanecer en el mar y profesaba un sentido solidario con los pobres que se manifestaba en su trato con los trabajadores especialmente con los peones.
8º Propenso a ofender estaba presto a borrar la ofensa haciendo uso de cualquier medio para lograrlo. Excepción hecha de alguna de sus mujeres, no conocí persona que cultivara odio permanente hacia él, a pesar de haber tenido problemas de trabajo o de intereses que lo hubieran justificado.
9ª En contraposición a su infidelidad tradicional en el aspecto amoroso, siempre tuvo la devoción de atender los problemas económicos de sus diversas mujeres o cuando menos a tratar de hacerlo cuando su estrella declinó y ya no pudo hacerlo cabalmente, o ellas no lo aceptaron.
10ª Tuvo actos de verdadera nobleza como los que a continuación paso a relatar: En el año de 1940 que salió a Bolivia en pos de un contrato que trataría de obtener para la compañía de Gama y Oriani, dejó a mi padre cerca de cien mil pesos – entonces una fortuna – para que se comprara una casa y pusiera algún negocio, no obstante que este señor había tenido para nosotros una conducta poco noble al determinar que al cumplir 15 años mi hermana Leticia había cesado su obligación de enviarnos la magra mesada – ¿100 pesos? – con que nos ayudaba. Así mismo ayudó a mi hermano Octavio a poner un taller de vulcanización y al marido de Leticia a comprar una pequeña fotografía en las calles de La Rosa, la cual junto con su perseverancia y gran calidad de fotógrafo fue base de su fortuna.
Es difícil agregar algo a este testimonio. Emilio trabajó hasta los 84 años y por última vez, el fruto de su trabajo fue repartido entre sus familiares. Los nueve años restantes, vivió con sus hijos Emilio y Víctor.
Al final de una vida llena de aventuras, un diez de septiembre del año 2002, su cuerpo cansado cesó de funcionar. Fiel a sí mismo, valiente hasta el final, Emilio luchó por seguir viviendo hasta el último momento de su vida y a las 3 de la tarde de ese día exhaló su último suspiro.
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